Vals para Karla o la novela moderna:

vista desde Moscú

 

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Autor:  Miguel Arsuaga, Profesor de la Cátedra de Lengua Española del MGIMO Universidad, Mejor Universidad del Mundo en la preparación de Diplomáticos y Especialistas del Sector Externo, incluido el Periodismo Internacional, Universidad de mayor rango en Rusia y todo el territorio del antiguo Bloque Socialista.

 

Al adentrarme en el maravilloso mundo de “Vals para Karla”, lo hago con sumo respeto y admiración ante una persona, que me ha impresionado y enseñado con su primer ensayo en Hispanística, “La tan Necesaria Coma”, y he tenido el gusto y el honor de que se me encargase la traducción al ruso para una revista especializada; traducción que tanto ha gustado a la Dra. Cary Torres Vila, es decir, a Andrea Tutor, al sometérsela en dos ocasiones antes de entregarla para su publicación. Por otra parte, curiosamente mi camino ha coincidido con el de la Escritora en varios tramos, a pesar de que hasta ahora no se han cruzado: estudiamos en el mismo Bachillerato, el “Cuqui Bosch”, por ser ambos oriundos de Santiago de Cuba. Además, tuvimos la suerte de contar con espléndidos profesores de Literatura Universal, quienes supieron inculcarnos el amor a las Letras; estudiamos en Moscú nuestras respectivas carreras universitarias: ella, en el MGIMO (Universidad) y yo, en la MGU, la Universidad Lomonosov. Hoy yo tengo el privilegio y la dicha de formar parte del maravilloso Claustro de la Cátedra de Lengua Española de esta prominente Universidad, en que la Autora cursó sus estudios universitarios (1976-1981) y volvió a un postgrado (1984).

                                     

                                        

 

La novela no puede ser clasificada como una obra de Literatura Cubana en el sentido tradicional, o sea, aquella en la que la trama se desarrolla en Cuba y aborda el tema cubano,  aunque sí puede ser incluida entre las obras de los novelistas nacidos en la Isla o los que, como Carpentier, la asumieron como país natal y cuyas obras no se ciñen a lo local y costumbrista, sino que trascienden para formar parte de los Autores Universales. En la novela “Vals para Karla o Plagio”, Andrea Tutor nos hace transmigrar por diferentes parajes, comenzando por el Moscú soviético, tan vilipendiado e ignoto al mismo tiempo, por un Moscú tan real y dulce, que los propios jóvenes de hoy, los que nacieron y crecieron a partir de la Perestroika, no reconocen y hasta preguntan: “Mamá, ¿acaso puede haber sido así? ¡Era bello y horrible a la vez!”. Entretanto, personas que vivieron aquellos días de la década de los ’70, los ’80 y los ’90, se sienten plenamente identificadas con la Autora y creen, que mejor no es posible retratar a una época. Más que un retrato, lo alcanzado es una fotografía social de alta calidad, sin ser el objetivo central de la obra.

Es difícil encontrar a un autor, que nos represente con mayor dulzura, suavidad y veracidad el pasado reciente de la URSS; el período turbulento, en que se precipitaban unos tras otros los acontecimientos, salían a la palestra y se esfumaban las figuras políticas, aparecían nuevas caras que prometían cambios salvadores a personas acostumbradas al inmovilismo, así como el tránsito de las sociedades socialistas a democracias dudosas. Hoy Rusia resurge de sus cenizas, pero otras repúblicas ex soviéticas se debaten entre un pasado dictatorial y un presente de voracidad encumbrada, de indolencia gubernativa y de penuria económica.

La Autora de “Vals para Karla” no hace una novela política, ni se centra en los sucesos políticos, aunque le sirven de telón de fondo, de contexto. Es una maravillosa novela de amor, de un romanticismo y un realismo impresionante, que se dan la mano, cual dedo de Dios en contacto con dedo de hombre, para hacer un símil con el conocido cuadro.

Dentro de autores, nacidos en la Isla de Cuba, es la primera vez, que se toca el tema de los estudiantes extranjeros en la Unión Soviética, por donde desfilaron decenas de miles de cubanos, si no cientos en el transcurso de cuatro décadas. Entre sus líneas, se siente un amor muy profundo y sincero hacia Rusia, hacia cada territorio por dónde le fue llevando la vida y que refleja en su novela de forma magistral, haciendo al lector no sólo vivir acontecimientos y una relación ideal y exquisita entre dos seres, que se aman por encima de sus sexos biológicos y los conceptos morales, que sostienen sus respectivas cosmovisiones, sino que nos hace visualizar los escenarios, a pesar de no recrearse en las descripciones. Se experimenta la sensación de pisar, con las protagonistas, los cinco países utilizados en calidad de escenarios.

ANDREA TUTOR es una Escritora Universal y con una de las prosas más elegantes de la Lengua Española actual. Es completamente original, tanto en el tratamiento de los temas abordados como en su estilo, que destila no sólo elegancia, sino exquisitez narrativa. De hecho, se está ante una pluma de elevado vuelo, difícil de olvidar y obviar. Resulta acertado, que la Autora haya hecho un esfuerzo por ubicar su obra en un movimiento literario y, sobre todo, la precisión con que lo ha inscrito en el Realismo Romántico de inicios del siglo XXI, el Neo Realismo Romántico. Del mismo modo, que el haber utilizado su novela para avanzarnos una muestra de la Poesía y la Plástica del Movimiento, que ella inicia contando con condiciones excepcionales de experiencia y excelencia al llegar a la Literatura no científica con un Premio Nacional de la Academia de Ciencias en una rama de conocimiento, que siquiera constituye su profesión de origen, demostrando, con ello, su capacidad de autodidacta y crecimiento intelectual.

El tema de la relación lésbica, si así se le pudiese llamar a un amor entre dos almas de mujer, que de forma incomprensible ha sido sacrificado o no se ha desarrollado en correspondencia a los sentimientos y fuerte atracción sexual, quedando en una relación llena  de erotismo y sensualidad, que lleva al lector al clímax en varias ocasiones y hace experimentar los vapores de la juventud hasta al más apacible, ha sido abordado desde una perspectiva psicológica y sociológica, no sólo con realismo, sino con seriedad, honestidad y naturalidad, sin obviar la complejidad de una relación de este tipo, aún más, cuando una de las protagonistas comienza a tejer y destejer un abrigo innumerables veces sin ser capaz de tomar definiciones acorde con sus verdaderos sentimientos. En cambio, Carolina es de una ingenuidad y ternura conmovedora, al tiempo que los prejuicios sociales, por muy largo tiempo, tienden una venda ante sus ojos y corazón, que no le permiten distinguir al ser amado.

Es una novela, que puede ser continuada, y que de hecho ya nos ha sido adelantado, desde Internet, el Prólogo de la novela “Son de Carolina”, que le da continuidad, donde se señala, que ha seguido una sugerencia de los lectores. De no haber sido así, yo mismo se lo hubiese pedido a Andrea Tutor, después de culminar la lectura de la más apasionante, romántica, decente y de una complejidad intelectual aliviada por la maestría de la pluma de la mejor Autora de novelas modernas, que nos acompaña a inicios del siglo XXI. Y espero, nos visite en Moscú, cuando sea traducida al ruso y presentada en esta Universidad, el MGIMO, que le calzó las botas de profesional de elevado nivel, que le ha permitido caminar, con éxito, por tantas y tan diversas profesiones.

Moscú, 8 de noviembre de 2008

 

© ANDREA TUTOR, 2007