ANDREA TUTOR:

 

LA META TRAZADA POR SU PADRE

 

 

 

                                     Crecí como escritora

 

Para darnos cuenta de nuestro camino y crecimiento, en uno u otro oficio, se necesita transitar por muchos estadios. A veces, cuestiones, que escapan a nuestra observación, incluso no tomamos en cuenta a la hora de señalar cómo fuimos formados, nos harán reconocer en ese, nuestro pasado, las primeras semillas, que iban cayendo en terreno fértil. Pudiésemos decir, que diferentes individuos son colocados ante una serie de acontecimientos y enseñanzas similares, pero cada uno se desarrollará en su propio sentido, seguirá su propio camino.

 

Crecí viendo leer a mi padre, oyendo sus relatos sobre la familia, la vida y La Biblia, con esa forma culta y elegante, que le caracterizaba, con ese decir refinado sin pedantería y palabras rebuscadas, mas siempre del más elevado Castellano. ¡Me encantaba escuchar a mi padre! Mi hermanito Raúl y yo fuimos sus dos más files oyentes y discípulos. Mi hermanito siempre fue un artista, un artista autodidacta: magnifico bailarín, actor, pintor, constructor y un retoño de arquitecto. Ambos, siempre, me acompañan, junto al abuelo Tutor; me ayudan a escribir, a pintar y, mi padre, hasta a escribir cartas y hacer la contabilidad. Soy una sostenida desde el Cielo, pero eso solamente lo se ahora.

Cuadro de texto: Crecí viendo leer a mi padre, oyendo sus relatos sobre la familia, la vida y La Biblia, con esa forma culta y elegante, que le caracterizaba, con ese decir refinado sin pedantería y palabras rebuscadas, mas siempre del más elevado Castellano
 

 

 

 

 

 

 


Pues, mi padre me narraba sobre aquél amigo suyo, desde los días de su niñez, que inventó la novela radial con su “Derecho de Nacer”  o de otro de sus amigos, Ñico Saquito, quien fue una gloria de la música cubana o de, en sus días de Jefe de Viajantes de Cruzellas y Cía. en Pinar del Río, las visitas nocturnas su casa, en esa ciudad, del compositor Pedro Junco, que nos legó su inmortal “Nosotros”. Él mismo, fue un potencial gran músico, truncado por el temprano fallecimiento de su padre, mi abuelo Tutor, el Pintor, Decorador y Comerciante. Debió haber partido a Alemania a la temprana edad de 10 años para, desde la casa de la tía-abuela, continuar sus estudios de violín, hasta convertirse en un clásico ese gran hombre de estatura pequeña, que no soportaba la música popular. Oyendo los relatos sobre el abuelo Tutor, crecieron nuestras aspiraciones a seguir su ejemplo, a beber de los genes artísticos depositados en nuestros cuerpos, pero no seguimos el camino del Arte, sino de las Ciencias, las Técnicas, el Magisterio y la Economía casi todos sus nietos, con independencia de dónde nos encontrásemos, en Cuba o en los Estados Unidos, en Venezuela o en Rusia; hasta es posible que esos descendientes desconocidos, tal vez, de nuestra tía-abuela alemana, también, lleven la fibra artística dentro. De hecho, no solo yo escribo en mi familia, quiero decir Literatura, sino mi hermano Desiderio, a quien le editaré su primera novela corta. Mi hermano Juan Antonio, para nosotros Johnny, es autor de importantes manuales universitarios en la especialidad de Ingeniaría Civil. El fue el primer profesor universitario en mi familia nuclear, seguido por mí. Yo nunca logré escribir libros de texto, solo algunos materiales didácticos para mis estudiantes de Comercio Exterior y de Transporte Internacional, verdaderamente pocos. Aunque profesora universitaria, nunca di muchas clases, un privilegio de los que pertenecíamos a la élite de las Ciencias Sociales en Cuba y lo que tengo que agradecer, en gran medida y en primer lugar, a la Dr. Elena Díaz, quien insistió, en que trabajase con ella al decir a quién debía ser mi “jefe”: “Yo soy un barco. No puedo trabajar en la Universidad, porque no me gusta ser polilla; no me gusta siquiera imaginarme sentada detrás de un buró y con espejuelos, enfrascada entre muchos libros. Yo estudié para diplomática, porque me gusta viajar y pasear por el mundo. No quiero estar encerrada; amo la libertad”

 

Pues, Elena, con esa inmensa sabiduría y tacto para tratar a sus subalternos y amigos, razonó en su interior: “Una persona, que es capaz de decirle a quién se supone, que será quién dirija y evalúe su trabajo, que no sirve, nunca le fallará de  comprometerse a hacer algo; tiene que ser una persona, extremadamente, sincera y responsable. ¡Yo voy a sacar el caballo blanco, que está dentro de esa piedra!”. Luego, me lo confesó

 

Cuadro de texto:            “Una persona, que es capaz de decirle a quién se supone, que será quién dirija y evalúe su trabajo, que no sirve, nunca le fallará de  comprometerse a hacer algo; tiene que ser una persona, extremadamente, sincera y responsable. ¡Yo voy a sacar el caballo blanco, que está dentro de esa piedra!”
 

 

 


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Volviendo a mi niñez, quién me hizo amante de la novela, de la radionovela, una adicta, fue mi vecina Cachitica, con la cual escuchaba, todas las tardes, dos novelas radiales; mientras en las noches, bebía, una tras otra, las novelas de Corín Tellado. De hecho, el principio y el final de “Vals para Karla” son un homenaje a esa gran escritora de novelas rosas de origen asturiano, como mi abuela Maria Herminia Pantaleona. Ciertamente, no soy una escritora de novela rosa, aunque sí una escritora romántica en muchos sentidos y realista en muy primer término, sin excluir la magia, que subyace en la vida, aparentemente, material y real; en este mundo mágico, donde la mayor magia y encanto se expresa en el amor. Posiblemente, mi experiencia en la investigación científica y de Ensayista Social me hayan salvado de escribir novela rosa y alcanzar mayor envergadura, profundidad y complejidad en la primera novela, que he escrito, VALS PARA KARLA, que aunque presenta un título alternativo o subtítulo, yo prefiero llamarle por su título original.

 

En mis días en la enseñanza primaria, en la Escuela Pública Nº 84 Salvador Pascual, en las mañanas era 27, (de los hermanos pequeños, solo mi hermano Johnny alcanzó a estudiar en escuela privada, el Colegio Bautista “El Salvador”), entonces, mi fuerte era la Ortografía, muy superior a la de hoy, y participaba, representando a mi Escuela, en cuanto concurso de Ortografía había en la ciudad de Santiago de Cuba. Luego, llamaban la atención mis composiciones y algún que otro dibujo, pero yo me incliné, siguiendo la tónica de los tiempos, hacia la política. Tal vez,, se debiera al momento histórico, que se estaba viviendo en Cuba, el triunfo de la Revolución Cubana y la militarización de la sociedad, y a ese deseo de participación, que encontró su frustración en no haberme permitido mi madre ser pionera con un rotundo: “Las niñas decentes no son pioneras. Las niñas decentes, cuando terminan sus clases vienen para su casa; no andan por las calles, como los varones”. Severa mi madre, muy severa, pero nos dio una educación excelente y, también, nos dejó entrañables relatos, que algunos crecerán en novelas entre las manos de mi hermano Cutty (Desiderio) o mías, al igual que los idílicos parajes de la finca del abuelo Juan, mi abuelo gallego, padre de mi madre, ya se asoman en las páginas de ambos.

 

Fue mi padre, quien escribió mi primer ensayo experimental sobre la Historia del Imperio Chino, la China de los Mandarines, estando, yo, en el Bachillerato, en el Instituto de Segunda Enseñanza “Cuqui Bosch”. ¿Un fraude? No, una meta a alcanzar, una tarea marcada para el futuro. Era mi padre, diciéndome sin palabras: “Así tienes que escribir, cuando seas una intelectual de las Ciencias Sociales”, mientras yo soñaba con ser médico, cirujana. Ciertamente, aún no he alcanzado el nivel de mi padre, pues no utilizo locuciones latinas al escribir, no las manejo con habilidad; no estudie latín. Recuerdo, que mi hermano Johnny quería ser Arquitecto y mi padre le dijo: “Estudia para Ingeniero Civil, pues podrás hacer lo que hacen los arquitectos y lo que ellos no son capaces de hacer”. Era mi hermanito pequeño, el benjamín de la familia, quien había nacido para ser el Arquitecto. En verdad, mi padre no se equivoco al indicarnos, sin obligarnos, la profesión adecuada. Pues, yo siendo una niña, que decía, al mismo tiempo, que quería ser intelectual y médico, sin saber que lo segundo no tiene que ver, en la gran mayoría de los casos, con lo primero, y que aparta al individuo de la necesaria reflexión intelectual en buena medida. Mi primera vocación, después de mi fantasía de trapecista, no la seguí, pero sí, desde las relaciones económicas internacionales, crecí hasta convertirme en Ensayista Social. Y, en mi retiro activo santanderino, fuera de toda expectativa de vida, me empine un poquito más para tocar la cumbre de las Letras y, como Oscar Wilde, aunque sea con una sola novela, esta primera novela, “Vals para Karla”, ya puedo considerarme entre los novelistas de principios del siglo XXI, entre las Literatas del Nuevo Milenio. Colocando a un lado la modestia y mi timidez intrínseca, me atrevería a considerarme una clásica, desde el mismo momento en que me llegó la bendición del Cielo a través de la genial Escritora chilena Isabel Allende, una de las más grandes plumas de la Lengua Española de todos los tiempos; la más grande entre los grandes, por elección de los lectores, en el siglo XX, y hasta hoy.

 

Volviendo al oficio de escribir, y el modo en que a mí se me dio este crecimiento, pudiese mencionar  algunos de mis maestros en el Ensayo Social: los cimientos fueron sembrados en el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO-Universidad) por mis tutores de trabajos de curso y diploma; la ya mencionada Dra. Elena Díaz, de la Universidad de La Habana; la Dr. Carmen Diana Deere, entonces en la Universidad de Massachussets, hoy en la Universidad de la Florida, la que, además, es culpable de que sea un tanto work-colhic (una palabra que conocí con ella y significa ser un adicto al trabajo) y el Dr. Gerd Junne de la Universidad de Ámsterdam. Ellos son los que han tenido una mayor influenza en mi desarrollo, como Científica y Ensayista, pero no son los únicos; destacable es la presencia del Dr. Alex Fernández-Jilberto, ese chileno-catalán-holandés que rinde frutos en la Universidad de Ámsterdam, del Académico y Dr. Víctor Volski, quien por décadas fue Director del Instituto de América Latina d la URSS, de la Dra. Martha Núñez y la Dra. Niurka Pérez de la Universidad de la Habana, entre otros. Con todos ellos, he tenido el gusto, y el honor, de trabajar y compartir amistad.

Cuadro de texto:            Mas mi entrenadora en escritura, o mejor dicho, quien me obligó a expresarme para ser comprendida con claridad, incluso, para un lector de la Lengua Española no nativo; a expresar mis sentimientos, emociones, sensaciones y descripciones, mediante palabras, fue la Dra. Marion Welzel, quien me sirvió de modelo para conformar el personaje de Karla y actuó para mí en la vida real, quien ha sido mi musa y es mi Venus…
 

 

 

 

 

 

 


Mas mi entrenadora en escritura, o mejor dicho, quien me obligó a expresarme para ser comprendida con claridad, incluso, para un lector de la Lengua Española no nativo; a expresar mis sentimientos, emociones, sensaciones y descripciones, mediante palabras, fue la Dra. Marion Welzel, quien me sirvió de modelo para conformar el personaje de Karla y actuó para mí en la vida real, quien ha sido mi musa y es mi Venus; quien me lanzó  los más grandes retos en mi vida, trazo las líneas de nuestros proyectos literarios y, hasta hoy, yo he cumplido con mi parte dentro dichos proyectos y sigo esperando a mi complemento, a “mi yunta”, como dicen vulgarmente en Cuba. Realmente, formo parte de una yunta de “vacas”, donde el yugo ha quedado sostenido por la más débil en apariencia, por la que tenía menos dones y voluntad desde la juventud, también, en apariencia. Un dúo que es una unidad desde el Cielo, antes de venir a la vida terrena en los cuerpos de Cary Torres y Marion Welzel: ella mira al futuro y yo doy los pasos en el presente; una es ratón de laboratorio y la otra, científica, observadora social; una lo tenía todo desde el principio, y se confió, y la otra, lo fue alcanzando paso a paso con constancia, con trabajo, dejando “partes de su cuerpo en cada herida”, para parodiar a Joan Manuel Serrat en una de sus mas famosas canciones; una aprendió a organizarse, a organizar sus papeles de trabajo y la otra, a desorganizar su mesa de trabajo, a dejar las cosas por doquier, como si alguien hubiese invertido el orden. Tal vez,, existiese un pacto secreto entre esas dos partes de una misma célula cósmica antes de nacer, pero que en vida yo, en particular, no me conformo con semejante destino y lucho por alcanzar mis ideales y mi felicidad, y porque ella los alcance también, aunque me tenga que odiar para ello. Realmente, no creo, que un gran corazón sea capaz de albergar un sentimiento tan bajo y sórdido. Mi Venus será una gran escritora, porque en ella está Goethe.

¿Cómo escribo? Pues, no lo sé. Nunca he seguido una regla fija para escribir. No tengo método y, por tanto, no puedo enseñarles nada. Cada obra, cada artículo, cada ensayo, cada escrito tiene su propia dinámica y su período de preparación, no siempre consciente de mi parte. Incluso, llego a sorprenderme al llevar a las páginas, hacer realidad, entrelazar las disímiles experiencias y conocimientos, que preceden a la escritura. Puede ser, que eso nos pase a todos, pero de lo que sí soy consciente es que en mi fase previa de Ensayista Social no lo percibía: fue mi amiga la Lic. Miriam García, Profesora jubilada de la Universidad de La Habana (con quien comparto el Premio Nacional de las Ciencias Sociales de Cuba, junto a Carmen Diana Deere, Niurka Pérez y Ernel González), quien, por primera vez, llamó mi atención hacia el hecho de que ninguno de mis trabajos se parecía a otro, que todos tenían una concepción diferente. En tanto, mi amiga Diana Margarita Favela, hoy en la UNAM y a quien conocí en su etapa d Investigadora del CIDE de México, junto a, mi también amiga, la  Dra. Evelyn Jacir (ex-Presidente de la Comisión de Reconstrucción Nacional de El Salvador, tras la guerra civil de ese país centroamericano, y ex-Ministra de Educación por ARENA), la advirtió en mí la característica de ser muy impresionable o, tal vez, quiso decir, que yo me llevaba mucho por la impresión, que causaban en mí las personas, las cosas y los hechos.

 

Tanto Margarita como Evelyn aparecieron en mi vida en un momento importante, en que no me satisfacía el dogmatismo, en el que me habían instruido y, en cierto modo, educado; ella contribuyeron a dar frescura  flexibilidad a mi pensamiento, hacerme partícipe de otras realidades no conocidas y darme, entre ambas, la única posibilidad de visitar México, país tan entrañable y especial, con una relación particular con Cuba (siempre bromeo con Marga, que dicha relación se debe a que Montezuma debió tener una amante cubana; el mismo modo que he escuchado en Cuba, que el nombre de Mercedes en los coches Mercedes Benz se debe a que la esposa o amante, no recuerdo bien e ignoro si es real, del Sr. Benz era cubana y se llamaba Mercedes; por cierto, en Nuevo Vedado, en La Habana, vive una señora, que se dice es de esa familia y estrena con mucha frecuencia Mercedes). Con Evelyn estuve sobre la Pirámide del Sol  y, allí, la fotografié, al igual que fotografié a Marion recostada a la estatua del Alma Mater, en lo alto de la escalinata de la Universidad de La Habana, y con la cartera dejada a un lado, en el suelo.

 

 Continuará….