ANDREA TUTOR Y PUSHKIN

Frente a frente con sus más bellos poemas

 

                Yo le he amado

                               Aleksandr Serguéievich Pushkin

                                     (Traducción de ANDREA TUTOR)

Yo le amé: amor, todavía, puede haber,

en mi alma no se ha apagado del todo.

Mas, a Usted, ya no le causa sobresalto,   

no quiero provocarle aflicción..

 

Yo le he amado quedo, sin esperanza:

unas veces, con timidez; otras, con celos.

Yo le he amado tan sincera y tiernamente:

¡Ruegue a Dios, alguien le pueda amar así!

 

    

          

 

 

 

 

 

                                  © ANDREA TUTOR

 

 

Mi complemento 

                               ANDREA TUTOR

 

¿Ha de estar un ser humano completo,

cuando se ha reproducido, sembrado un árbol,

ha escrito un libro o algún otro cuento?

Por favor, pido silencio...

¿Acaso un hijo, un árbol y un libro

no son parte de mi propio cuerpo?

No me quiero a mí misma,

aunque me tenga un gran afecto,

nade en autoestima

y me pavonee a cielo abierto.

Es a DIOS a quién pido,

me permita alcanzar Mi Complemento.

 

¡Escúchame, SEÑOR,

sólo entonces seré un ser completo!

 

Sin tu ayuda, AMADO MÍO,

pierdo el camino, me desordeno,

ando a oscuras entre extraños;

busco el Norte y en el Este desvanezco.

¿Cómo saber si lo que te suplico

es mi salvación o mi desconsuelo?

Intento escuchar mi corazón,

el cual te ofrezco,

lo pongo en tus manos, JESUCRISTO,

para que le des consuelo.

Mímalo, SEÑOR, que está muy enfermo,

también sufre por amor y desconcierto.

¡En tu Misericordia, mi DIOS,

solamente encuentro lo cierto!

     

 

Septiembre eres tú

                                    ANDREA TUTOR

    En una mañana resplandeciente,

de un verano en retirada

en lucha con un Otoño por venir,

la puerta de mi habitación entreabrí:

entre penumbras a un ser extraño descubrí.

Cómo ha de ser un extraño

quién pertenece a la risa, al viento,

al aire, que respiro, a cada momento;

quién trastocó mis parámetros y sentimientos.

Y en un Septiembre en su recién devenir

fijó sus ojos en los míos con una sonrisa,

que no llegó a existir.

 

Han pasado veinticinco años

y mi Estrella sigue ahí,

en medio de mi estancia,

con ojos, tal vez, hambrientos

y un rictus a medio descubrir.

Mi Destino es una imagen

apacible, inamovible e imborrable,

resiste la tormenta, la lluvia y el viento,

al más terrible de los tiempos,

la distancia y la maldad.

Mi Signo es belleza, armonía,

pasión, amor y eternidad.

Pasarán otros veinticinco años

y mi puerta entreabierta estará

a la espera de mi Septiembre Azul.