POEMAS DE PARTIDAS Y LLEGADAS

 

 

LAS  AMIGAS

Al Partir

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda

 

Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!... La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!... Ya cruje la turgente vela...
el ancla se alza... el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela.

 

La partida

 

ANDREA TUTOR

 

En esta partida, que no fue por el Malecón,

se me ha quedado la vida, roto el corazón.

Cuán diferente a aquélla en plena juventud,

en una tarde estival con La Habana al frente,

la Cabaña y el Castillo del Morro detrás;

y el Sol, sacando destellos plateados de la mar,

mientras el Estrecho se lo tragaba,

cual naranja engullida por la profundidad.

Subidos al muro, agitando banderas,

corriendo por el Malecón, todos en un frenesí,

que enfatizaban pancartas, gritos,  abrazos…

¡La Habana despedía a los estudiantes,

que  partíamos a la desconocida Moscú!

Vi la ciudad desde más allá del Malecón

y recordé que un día del mismo modo

partió el Ejército y el Gobierno español,

cantando habaneras y oprimido el corazón.

Han sido muchas partidas sin preocupación,

pero en ésta me iba la vida

y, antes de partir, me sumí en una depresión.

Fue una de mis grandes despedidas,

de esas de un “aquí jamás volverás”,

mientras dejaba tantas cosas queridas

y que nunca podré olvidar.

El quedarme me costaría la vida

y era muy poca la que me quedaba ya.

Me despedían entre palabras sentidas,

con una mezcla de alegría, esperanza,

lástima y tristeza ante la partida final.

¡No, muchachos, aún hay tiempo para más!

 

 

 

 


Mi Bandera

 

                      Bonifacio Byrne

 

 

Al volver de distante ribera
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!

 

Con la fe las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
dónde basta con una: ¡La mía...!

En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.

Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril ni romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar con cobarde...!

En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve...

¿No la veis? Mi bandera es aquella
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella
con más luz, cuando más solitaria...

Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos,
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.

Aunque lánguida y triste tremola
mi ambición es que el sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre.

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día...
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía...!

 

 

 

 


A Bonifacio Byrne

 

ANDREA TUTOR

 

A diferencia de Bonifacio,

no me molestan otras banderas,

mientras esté izada la primera,

de la que bebimos leche en su regazo.

La bandera no es un trapo,

es símbolo de pertenencia e identidad;

aunque te cambien la nacionalidad,

no te puedes convertir en sapo.

El hombre lucha por la igualdad

entre reformas, guerras, revoluciones,

momentos de paz y canciones,

en un proceso que tiende a la eternidad.

No obstante, coincido con Bonifacio,

al preguntar por su bandera,

que también es mía y era

la que quisieron romper en pedazos.

Por ello, lo cito en este espacio,

refiriéndome a las dos,

a la de mis abuelos

y bajo la que nací yo:

“Si deshecha en menudos pedazos

llega a ser mi bandera algún día...

¡nuestros muertos alzando los brazos

la sabrán defender todavía!...”

La pasión de Bonifacio

me hace pensar en la soberanía,

que atrapada en la Economía,

escribió el prefacio

de una entrega por una cuantía

a los vecinos o a los de la lejanía

y nos convirtió en batracios.

 

 

 

 

 Muy buenos todos los poemas. Nunca pensé, cuando te veía, en Moscú, con tu ‘paltó’ (sobretodo) ruso azul Prusia o con el marrón (beige), que debajo se escondía una gran Poeta”.

             Dr. Pascual Correa, Jurista Internacional del MGIMO Universidad (1981) y Doctor en Ciencia Jurídicas, en la especialidad de Derecho Ambiental de la Universidad Internacional Patricio Lumumba de Moscú, Profesor de la Universidad Central de Las Villas. Decano de la Facultad de Derecho por largos años.