ANDREA TUTOR

 

LA TAZA DE ORO

 

Cuarta novela de la Escritora hispano-cubana dentro del Realismo Romántico del siglo XXI, el neo Realismo Romántico. De nuevo, ANDREA TUTOR, pone los pies a ambos lados del Océano Atlántico, esta vez, Cuba y España, la Galicia de su Abuelo.

 

 

FRAGMENTOS DEL PRIMER CAPÍTULO:

 

“El Jeep enfila el Camino Real del Aguacate a Vista Alegre, dos puntos geográficos sin importancia, mas marcados en la Historia con sucesos escalonados en el tiempo. Gracias DIOS, no es época de lluvia y el camino es transitable. Ya se ha iniciado  la Primavera; los campos reflejan, la humedad del rocío matinal y alguna que otra lluvia aislada, con su verdor retoño”...

 

 

“El Jeep se detiene en la explanada, tras ascender suavemente por un camino abandonado. La nieta del gallego, fundador de “La Taza  de Oro”, desciende y se dirige a la parte posterior del vehículo sin decir palabra; abre la portezuela y saca una sierra de mano. Sube de nuevo y, con un gesto, pide acercarse a una gran planta, un árbol, que se encuentra hacia el final de la explanada. Prepara el equipo y su acompañante la mira intrigada, porque en sus gestos hay algo ritual, tal vez, algún asunto del pasado; algo, que ha marcado la vida de las personas, que han transitado por aquel camino, bajo su sombra y sus frutos no comestibles, parecidos a las ciruelas cubanas, unas ciruelas muy distintas a las de Europa de color amarillo intenso; un fruto bello e inservible. ¿Marcado qué? Quizás, la vida de los habitantes de la Hacienda “La Taza de Oro”. Arremete contra el ancho tronco; se escucha el fino chirriar de la sierra eléctrica, sacando el aserrín…”

 

“Frente a un mantel de hule extendido, que aún huele a nuevo, Karla comenzó a sacar del maletín refrigerado algunos alimentos, que dispuso con gracia ante Karolina y se sentó junto a ella con una sonrisa alegre y cansada, con el cansancio de los años, de la vida, de la fatiga del viaje. Entornó los ojos, como midiendo la tarea que veía ante ella: levantar “La Taza de Oro”.

-         ¿Cuán grande es?”

“Suspira, cual cansancio anticipado ante un descomunal esfuerzo, ante una imagen prediseñada en su mente y que logra visualizar al entornar los ojos, como ahora. Han traído semillas, un pequeño tractor, herramientas y útiles de trabajo. Más que semillas e implementos agrícolas, se trata de un diseño mental de hacienda, construido desde que la nieta de Don Pancracio Villanueva comenzó a hacer gestiones para comprar la finca de su Abuelo. Fue una operación compleja…”

 

“No había casa, faltaba la gran casa de cedro, construida por las manos del Abuelo, de Don Pancracio, con los cedros de la Isla de Cuba, cortados por primera vez por mano humana; las manos del abuelo gallego. Extraje de un envoltorio circular gris sintético, la tienda de campaña; con un movimiento se abrió, cual globo rojo inflado; una tienda de campaña, regalo de mi suministrador de materiales y equipos de oficina en España, una empresa de Bilbao. Con impericia, la fijamos al suelo, en el centro de las otrora dependencias habitacionales y productivas. En “La Taza de Oro”, no se le llamaba batey a esa explanada, como se acostumbra en la mayoría del campo cubano. Simplemente, era la casa, el patio, los corredores, los secaderos de café, el aljibe y, así, sucesivamente. Sólo en este momento, Karolina se ha dado cuenta de que no empleaban el mismo término; no eran completamente cubanos, aunque lo fuesen; eran gallegos catalanes, los Villanueva García-Jorrín. Ese matrimonio tardío de Don Pancracio, que le hizo conocer el amor a ambos”.

 

 

 

PRIMER PÁRRAFO DEL SEGUNDO CAPÍTULO: “La Partida”

 

“Una llegada para partir. ¿Adónde? Una idea fija: América, América Insular, Cuba. Un sueño acariciado en tantas noches de guardias en el Cuartel, en medio de la frialdad matutina, mientras escuchaba la voz del Cabo apurar, para que desatontase y se incorporase a la formación. Pancracio Villanueva llegaba, después de las muchas revistas a la casa paterna, que fue, también, la de sus abuelos y de los padres de éstos; la casa de siempre, la casa de los Villanueva en el Valle del Mao, no lejos de la capitalina ciudad de Lugo, de enormes y bellas murallas, murallas antiguas, paisaje perfecto y fortificado. Una llegada para partir. ¿Adónde? A levantar una fortuna, a hacer una familia, su propia familia; no la de sus padres y hermanos. Lejos, en la mayor de Las Antillas, en la preciosa Isla de Cuba, la Isla de sus sueños y sus ambiciones; la Isla rica, la Isla tentadora, la Isla prominente; la Isla, que lo haría feliz. ¡Isla de sus esperanzas! Una llegada para partir. ¿Adónde? ¡A construir el futuro!”

 

 

 

ANDREA TUTOR REALIZÓ UN VIAJE AL VALLE DEL MAO ANTES DE SENTARSE A CONCLUIR LA NOVELA. SU IMPRESIÓN FUE GRANDE AL VER QUE LA CASA CON PATIO CELTA DE TEIXIZ. LA ENTRADA, ERA SIMILAR A LA QUE VISUALIZÓ, MIENTRAS ESCRIBÍA LA LLEGADA DE SU ABULEO DE LA MILI.

¡UN VALLE MÁGICO, ENCANTADO Y ENCANTANDOR”